jueves, 30 de enero de 2014

Jueves 30 de 1977 (Tu en el horizonte)

Me encontraba observando el horizonte y noté en esa línea divisora entre el mar, un poco de tierra y el cielo, una figura no tan común, muy extraña, a decir verdad, por un momento pensé que era la invasión alienígena, pero era imposible. Seguí observando esa figura rara, que a cualquiera lo hubiese dejado perplejo y asombrado, casi hipnotizado, pero estaban todos preocupados por sus deberes, asuntos, problemas, lo que fuese, que no la veían.

Seguí observando esa figura, no tan común, y vi que no era tan extraña, lo contrario, era hermosa, era una figura más bella que los versos de Baudelaire y Neruda juntos, era finísima, como la arena de las playas del Caribe, así era esa figura, hermosa, bella, fina, seguía siendo extraña, fuera de lo común, porque esa figura ni Picasso ni Dalí la hubiesen podido pintar jamás en su vida ni en su tumba.

Y me mantuve un rato largo con la mirada fija en esa extraña y hermosa figura, y vi que también era rebelde, más rebelde que las frases de Bukowski y más anarquista que Martín Adán. Era una figura que representaba a las musas que no se encuentran en la tierra normal, sino que tienes que sumergirte en el mar terrestre y encontrarla en el inframundo terrenal.

Noté bien la figura, y eras tú, si tú, quien está leyendo esto, a quien le escribo, sé que lo leerás, y tu eres esa figura extraña, porque no eres como las demás, hermosa, de alma pura, finísima, porque tienes etiqueta en tu mente y rebelde porque no te dejas alimentar por lo carnal.

Y fue ahí que me di cuenta, estabas en el horizonte porque no estás al alcance de todos, ni de cualquiera, y es por ello que nadie te notaba, nadie se daba cuenta de esa figura rara, bella, fina y rebelde, como tú.